lunes, 18 de marzo de 2013
Ni maquillajes excesivos ni accesorios decorándote, ni prendas costosas o a la moda. Una sonrisa sencilla y un cabello desenredado. Prolijidad, delicadeza, femineidad no. Rebeldía, desorden, descuido, no. Es un punto neutro entre todo, una mezcla de desastre con orden, de mujer con hombre, de correcto e incorrecto, de perfecto e imperfecto. Es lo natural, común. ¿Qué es llamativo de eso, entonces, si es común? Pues que lo cotidiano ya no existe. Y todo lo que antes era original pasó a ser común. Y lo común, tan común, ¿es original? ¿Es extraño? ¿Es único? Tal vez, pero sigue siendo comun. Así te gusta describirte cuando te ves al espejo. Natural.
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