Respirar profundo, que se me tiñan los pulmones de ese color, que se me olvide el mañana y vuelva el ayer. Me sentí a la espera, como en una sala de estar, vacía, pero a la vez, llena de esquinas perfectas para adaptarse al ritmo de mis palabras. Siempre me gustaron los descosidos. Todo encajaba. Recuerdo atender a todas las palabras que salían de tu boca, prestando atención a cada detalle, a cada entonación y a los pliegues de tu lengua. Ahora las palabras se mezclan con mis recuerdos. Luego evoco los recuerdos, juego y pienso, los entierro en la arena, siempre me gustaron los castillos y la arena del Mediterráneo, tú lo sabes. Pero ya no los puedo mecer, no hay nada más triste que un recuerdo feliz que no se puede revivir.
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