Recuerdo que una vez me dijiste que te gustaba tumbarte en la cama y mirar el techo. Nunca lo entendí y, desde aquel día he mirado tantas veces mi techo. Aun así sigo sin entender qué encuentras más allá de las manchas del gotelé. Quizá hay un universo paralelo que yo no he sabido descubrir. Y ahora, cada vez que miro arriba me acuerdo de ti. Bueno, y cada vez que miro por la ventana o cuando miro el suelo. Ya ni siquiera me molesto es buscar excusas para pensarte, no las necesito porque esto ha empezado a ser enfermizo.
Recuero también cómo solías decir que era mucho más fácil escribir las cosas que decirlas. ¿Crees que es más fácil escribir un te quiero que decirlo? Yo te lo escribí muchas veces, por toda la casa. En un papel pegado en el frigorífico con un imán, en la lata de galletas, en la servilleta del desayuno y hasta en el cajón de los calcetines. Pero nunca te lo dije. Quizá tenías razón.
Antes de irte me lo pediste:
-Dilo. Si lo dices no me iré.
-…
-Te juro que me quedo si me lo susurras, aunque sea casi imperceptible.
Y esperaste un minuto, dos. Pero no fui capaz. Si me abres la puerta ahora te lo digo, sé que estás escuchando esta llamada , puedo escuchar el contestador desde aquí fuera. Ábreme la puerta y te lo digo hasta que me quede sin voz. Ábreme…
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