viernes, 27 de agosto de 2010

dentro de mi.


Me cuesta escribirte. He perdido la costumbre y la verdad, es que ya no sé como hacerlo. Antes te escribía cada día, pero deje de hacerlo, porque creí que así lograría olvidar tu recuerdo, porque creí que lograría que esta ausencia que desjaste con tu marcha no me quemara el alma. Me equivoque, pero bueno últimamente los errores me acompañan en la vida. Ya se han convertido en mis amigos. Ya no me duele ni siquiera cometer errores. Quizás es porque ya no me duele nada, miento. Tú si que me sigues doliendo. Y quizás por eso he vuelto a tí, porque detesto esa sensación de vacio absoluto, prefiero sentir algo, aunque sea tristeza y dolor. ¿Sabes una cosa? Te Amo, sigo amandote, eso nunca ha cambiado. Creo que es lo único que no lo ha hecho desde que te fuiste. ¿Donde estas? Te necesito. Y sabes que yo nunca pido ayuda, pero te la pido, mierda. Estoy más perdida que nunca y tú no estas aquí para verlo,para abrazarme mientras me susurras que me quieres, para que tus palabras me consuelen, para que tu sonrisa contagie a la mía. Vuelve, por favor. Te lo grito muy alto para haber si así logras escucharlo, me encantaría tener la esperanza de que sí, de sentir que me estas oyendo, que me estas cuidando en donde quiera que estes, pero sé que no, mierda. Como duele tu ausencia, como duele saber que es imposible que vuelvas. Tú que has sido lo único bueno que me ha pasado en la vida. Quien me hizo las cosas fáciles, [u]quien me enseño a sonreír, quien me enseño a vivir[/u]. Pero hay una cosa que se te olvido enseñarme, te olvidaste de enseñarme a vivir sin tí. (O igual es que no logre aprenderlo.) Nunca me dijiste que un día ya no ibas a estar. Nunca me lo dijiste. Nunca, joder. ¿Y entonces ahora que se supone que debo hacer yo? Sino sé seguir sin tí... Llevo 4 meses viviendo entre las sabanas de mi cama porque se me ha olvidado andar, y llevo 3 sin ni siquiera poder derramar lagrimas, porque no me queda agua en el cuerpo. Te echo de menos, de ese tipo que llega a doler, que resulta insoportable. Es que si al menos supiera que eres feliz, donde sea que estes. Y que puedes escucharme, sentirme. que me estas viendo y me acompañas en mi día a día. Si supiera que tu mano aún sigue enlazada a la mía aunque nos separen los kilometros, quizás yo podría volver a andar. Y a sonreír Y a vivir. Pero, como no lo sé... Te escribo para que las palabras no me ahogen, para que no me coman por dentro y me acaben por destrozar. Es que en mi garganta solo hay gritos silenciosos desde que no estás. Y me queman. Y por eso te escribo, para que no me abrasen tanto. Para que calmes un poco mi dolor, porque lo haces, de alguna forma. Porque si te escribo pienso que solo nos separa la distancia, que no estas tan lejos, que me lees y puedes sentir lo que esta carta trasmite. Porque cuando te escribo, aún me queda esperanza de que estes ahí, al otro lado, ayudandome a seguir en este camino que dejo de tener sentido el día que te fuistes a las 5 y 30 de una madrgada de un jueves que podía haber sido como otro cualquiera. Un jueves en el que podíamos haber tocado juntos el cielo con la yema de todos nuestros dedos, pero no. No fue uno cualquiera. Fue aquel 8 de abril... Entonces te perdí y ahora me doy cuenta que contigo me fui yo también. Aquel día acabo con nuestras vidas, solo que a mi me han dejado aquí, sufriendo esta agonia que me ahoga. Aunque creo que a mi corazón apenas le quedan dos últimos latidos sin vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario